jueves, 18 de enero de 2007

Las interpretaciones de la realidad


¿Qué relación existe entre la "burbuja" de Sloterdijk, el "imaginario radical" de Castoriadis, la existencia poética de Hölderlin, el odio de Nietzsche por Sócrates, la repulsión de Platón por los sofistas y el derribo de los viejos metarrelatos por parte de la postmodernidad?

Por difícil que lo parezca, esa relación existe y una idea clara sobre ella podría darnos pistas para hacer realidad el lema de los movimientos alter-globalizadores: Otro Mundo es Posible. De hecho, otros mundos ya han sido posibles antes de ahora. Recordemos otro viejo dicho: hay otros mundos, pero están en este. Es cierto, y ello demuestra que los sofistas tenían razón, al menos antes de instalarse en las posiciones más radicales y cínicas de sus postulados.

Dice Robert Kingsley, en su hermoso libro sobre Parménides, que a los pensadores anteriores al "grupo de los tres" (Sócrates, Platón y Aristóteles), los que nosotros conocemos como presocráticos, sus contemporáneos los calificaban de "magos" porque con el simple acto de verter unas palabras al oído de un hombre eran capaces de cambiarle la vida. ¿Magia? No. Los pensadores como Protágoras, Heráclito, Zenón o Parménides eran creadores de mundos. Justo el tipo de gente que buscamos nosotros en este momento.

Mientras Sócrates, Platón y Aristóteles pergeñaban un método artificial para inventariar parcelas en la "única" realidad supuestamente existente, Parménides y Protágoras pergeñaban nuevas realidades. Mientras el grupo de los tres se enfangaba buscando la Verdad, con mayúscula, los pensadores jonios analizaban lo que tenían ante sus ojos y, a partir de su percepción de ello, eran capaces de crear una visión acorde a sus necesidades y sus deseos. Por esto eran capaces de cambiarle la vida a un hombre con solo susurrarle unas palabras al oído: sólo tenían que proponerle una nueva visión del mundo. Y por eso los adoraba Nietzsche.

Contrariamente a lo que nos han hecho creer los guardianes de la doxa intelectual occidental a lo largo de los últimos dos mil quinientos años, los presocráticos no representaban una posición irracional frente a la posición racional de Sócrates y luego de Platón y Aristóteles. Muy al contrario, el impulso que compartían todos ellos era su voluntad de crear una concepción de la realidad alejada del pensamiento mágico propio de la religión. Logos frente a Mythos. Utilizando la terminología de Sloterdijk, lo que pretendían los presocráticos era escapar de la "burbuja" hasta entonces vigente en Grecia, basada en el pensamiento mágico, en la religión, y basarlo en la observación de la realidad natural. En términos de Castoriadis, pretendían que el "imaginario radical" de su sociedad, en lugar de estar basado en las fantasías propias de toda religión, lo estuviera en el conocimiento de la realidad física. Con este impulso nacieron la ciencia y la filosofía en occidente.

Por ello, tanto los presocráticos como Sócrates, Platón y Aristóteles han de ser ubicados en el ámbito del Logos. La diferencia entre ambas posiciones, lo que abrió un abismo entre ellos fue la apuesta de Sócrates, luego retomada y aumentada por Platón y Aristóteles, por la idea de que "la verdad no era subjetiva ni relativa, sino que había una verdad interior fija, profunda, que era absoluta y se podía encontrar mediante investigación" (De Bono, 1995).

Dicho de otro modo, para Sócrates no cabía un "imaginario radical" ni una "burbuja", que en última instancia eran meras interpretaciones de la realidad, y por tanto, concepciones subjetivas y relativas. Hoy, sin embargo, sabemos que Sócrates se dejó llevar de la hybris prometeica en su apuesta, de la soberbia, porque la investigación se ha mostrado incapaz de conocer la Verdad. Las grandes preguntas sobre el universo y sobre el propio ser humano siguen sin respuesta.

La apuesta por una concepción absoluta de la verdad sólo ha servido, en primer lugar, para aniquilar la posibilidad de un Logos creativo, el de los presocráticos; en segundo lugar, para producir una ciencia que sólo es capaz de explicar parcelas mínimas de la realidad física, ofreciéndonos el acceso a una tecnología cada vez más compleja, pero jamás para explicar la totalidad del universo y, desde luego, mucho menos para responder a la pregunta última: por qué existe el universo. En tercer lugar, y la peor de las consecuencias, la concepción absoluta de verdad que inventó Sócrates ha servido justamente para lo contrario de lo que él pretendía, a saber, para que los defensores del Mythos, las grandes religiones monoteístas, y especialmente el cristianismo, que es la que se encargó de tomar de Platón las concepciones de Sócrates y manipularlas adecuadamente, utilizaran ese absolutismo ideológico para imponer su pensamiento mágico como única concepción posible de la realidad.

Nietzsche fue consciente de este proceso, y por eso convirtió a Sócrates en su enemigo mortal y denunció el totalitarismo subyacente en la implantación del imaginario cristiano como "imaginario radical", como "burbuja" de la civilización europea. Con su obra "Así habló Zaratustra", que presentaba como su gran regalo para las futuras generaciones de europeos, el pequeño Fritz pretendió ofrecer un imaginario alternativo al impuesto por el cristianismo, retomando el camino abierto por los presocráticos. Tal vez no nos interese la propuesta concreta que nos hizo el pensador alemán, pero sí creo llegado el momento de imitarle: retomar el camino de los presocráticos y hacer posible otro mundo sobre un nuevo imaginario, sobre una nueva interpretación de la realidad. De Bono asegura que ha llegado el momento de dejar de lado el método de pensamiento de lo que "es" y buscar una nueva forma de pensamiento basada en lo que "puede ser". Es otra forma de decir lo mismo.

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